Historia
El término «Lucentina», asociado tradicionalmente a la variedad Hojiblanca, se utiliza de manera indistinta tanto para aludir a su origen geográfico, ya que esta variedad procede del municipio de Lucena, como para describir el aspecto característico del árbol, cuyo envés de la hoja presenta una tonalidad clara y luminosa que refleja la luz.
La zona de producción actualmente amparada por la Denominación de Origen Aceite de Lucena formaba parte en la Antigüedad de la Bética romana, una de las principales regiones proveedoras de aceite de oliva para la metrópolis. Este hecho permite afirmar que el cultivo del olivar en esta comarca cuenta con una antigüedad milenaria. Aunque el olivo ha estado presente desde épocas muy tempranas, es a partir de la Reconquista y, especialmente, del Catastro de Ensenada cuando se dispone de documentación histórica fiable que acredita el profundo arraigo del olivar en la zona.
Así, en el Catastro de Ensenada (1752), el olivar aparece como el aprovechamiento agrícola dominante en el territorio que hoy conforma la Denominación de Origen, ocupando entre el 25 % y el 50 % de la superficie cultivada. El municipio de Lucena, origen de la variedad Hojiblanca, se muestra desde entonces como un enclave estrechamente vinculado a la cultura del aceite de oliva, relación que se remonta varios siglos atrás.
Desde Lucena, el cultivo de la variedad Hojiblanca se fue extendiendo progresivamente a zonas limítrofes como Antequera (Málaga), Estepa (Sevilla) y Loja (Granada), configurando un área de producción homogénea con claras afinidades agronómicas y culturales.
La importancia histórica del olivar en Lucena queda refrendada por la existencia de más de cuarenta yacimientos arqueológicos de época romana (siglos I y II), en su mayoría restos de fundi o explotaciones agrícolas. Estas instalaciones proliferaron durante un periodo especialmente favorable para la exportación de productos agrícolas, principalmente aceite y vino, desde el sur de la provincia de Córdoba hacia otros territorios del mundo romano.
Durante la época andalusí, Lucena —conocida entonces como al-Yussana— fue citada como un municipio en el que el cultivo del olivo tenía una importancia destacada. Diversos escritos de los años 714-715 hacen referencia a una localidad rica en agua, olivos y otros árboles frutales, lo que evidencia la continuidad del aprovechamiento agrícola del territorio.
Posteriormente, la ciudad vivió un notable auge económico y cultural durante la época judía, al consolidarse como uno de los principales núcleos del judaísmo peninsular y un destacado centro comercial. Escritos del siglo X mencionan a Lucena como una ciudad dedicada al comercio de productos agrícolas elaborados, entre los que destacan el vino, los licores y el aceite.
Todo ello permite afirmar que el cultivo del olivar ha estado profundamente arraigado en Lucena desde los orígenes mismos de la ciudad. Esta relevancia histórica queda reflejada también en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual Madoz (1845–1850), donde se recogen numerosas referencias a la importancia del aceite en los municipios que hoy integran la DOP Aceite de Lucena.
En relación con el municipio de Lucena, el Diccionario Madoz recoge, entre otras, las siguientes afirmaciones:
«… Pasando al examen del reino vegetal se descubre en todas partes la riqueza y fertilidad del terreno, que produce buenos cereales, toda clase de semillas, vino y aceite en abundancia…»
«… Calidad y circunstancias del terreno […] de olivar 2.201 fanegas de primera […]. Después se han roturado otras muchas tierras que se han puesto de olivar…»
«… Producciones. Las principales son de aceite…»
«… Industria y Comercio. […] 106 molinos de aceite diseminados por todo el término… El comercio se reduce a la exportación de cereales, aceite…»
En esta misma época, el municipio de Puente Genil encabezaba la industria dedicada a la extracción y comercialización del aceite, contando con molinos de gran relevancia como el conocido Molino del Marqués (1648). El mayor reconocimiento histórico a los aceites de Puente Genil llegó en 1935, cuando la Asociación de Olivareros de España le concedió el título de «OPTIMI OLEI EMPORIUM» (“el mejor aceite del imperio”), distinción que aún hoy figura en el escudo del municipio.
El olivar era igualmente el cultivo predominante en el territorio del antiguo Señorío de Aguilar, que comprendía municipios como Aguilar de la Frontera, Montilla, Monturque, Puente Genil y Montalbán. Entre las variedades empleadas, la Hojiblanca se reveló como la más adecuada por su excelente adaptación a los suelos calizos, arcillosos y silíceos característicos de la zona, destacando por su productividad y por la calidad del aceite obtenido.
Desde la segunda mitad del siglo XVI, se constata en el término municipal de Iznájar, así como en el conjunto de la Subbética, una expansión progresiva del olivar que alcanza su máximo desarrollo en el siglo XVIII, en detrimento de la viña y de los cultivos de secano. En torno al año 1800, el olivar ocupaba aproximadamente el 10 % del término municipal de Iznájar, cifra que ascendió al 20 % a finales del siglo XIX. En 1965, la variedad Hojiblanca representaba ya el 40 % del olivar del municipio, siendo su procedencia atribuida tradicionalmente a Lucena.
En Rute, los orígenes de la actividad aceitera se remontan a 1564, cuando los cosecheros locales, ante una abundante cosecha de aceituna, solicitaron al abad don Juan Fernández de Córdoba la instalación de un molino que evitara tener que molturar el fruto fuera del municipio, probablemente en los molinos de Iznájar. Hasta ese momento, la escasa presencia de olivos no había hecho necesaria una infraestructura propia.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, el olivar experimentó un crecimiento notable como consecuencia de la repoblación de terrenos anteriormente baldíos, dehesas y tierras de labor, que fueron transformándose progresivamente en grandes extensiones de olivar. Este proceso condujo a que el término municipal de Rute llegara a considerarse, prácticamente, un monocultivo olivarero.
En 1949 se funda la Cooperativa Agrícola de Rute, que aglutinó a un gran número de productores de aceite y a la mayoría de los agricultores del municipio. En la actualidad, la cooperativa cuenta con más de 1.000 socios, dedicados principalmente al cultivo de la variedad Hojiblanca, consolidando así una tradición olivarera profundamente ligada al territorio y a la Denominación de Origen Aceite de Lucena.

