Aceite D.O.
La Denominación de Origen Protegida Aceite de Lucena ampara aceites de oliva vírgenes extra elaborados principalmente a partir de la variedad Hojiblanca, también conocida localmente como Lucentina. Esta variedad representa más del 90 % del olivar en la mayoría de los municipios de la zona protegida, con la excepción de Iznájar, donde alcanza aproximadamente el 86 %, y Montilla, donde su presencia se sitúa entre el 50 % y el 60 %.
La segunda variedad en importancia dentro de la DOP es la Picual, mientras que en el municipio de Iznájar destaca también la presencia de la variedad Picudo. Otras variedades autorizadas, como Arbequina, Lechín, Tempranilla, Ocal, Campanil o Chorruo, tienen una presencia testimonial, aportando matices y diversidad al conjunto del paisaje olivarero.
Con el fin de ofrecer al mercado un producto que garantice origen, autenticidad y máxima calidad, el Consejo Regulador de la DOP Aceite de Lucena realiza auditorías técnicas periódicas en las almazaras inscritas, supervisando todos los procesos de producción, elaboración y control.
El Hojiblanco o Lucentino es el olivo más representativo y extendido en el territorio de la Denominación de Origen. Se trata de un árbol de porte erguido, con ramas largas y fructíferas, ligeramente péndulas. Su copa presenta una densidad media a clara, con una superficie foliar regular, y se distingue por el tono gris verdoso claro de la madera joven. Es una variedad especialmente resistente al frío y se adapta perfectamente a los suelos calizos característicos de la zona.
El Aceite de Oliva Virgen Extra amparado por la DOP Aceite de Lucena se obtiene exclusivamente de aceitunas “de vuelo”, recolectadas directamente del árbol, procedentes de olivos (Olea europaea) de la variedad Hojiblanca como principal, complementada por las variedades secundarias autorizadas: Arbequina, Picual, Lechín, Tempranilla, Ocal, Campanil y Chorruo. Todo ello da lugar a un aceite que expresa fielmente el carácter del fruto, del territorio y de una tradición olivarera profundamente arraigada.
Todas las Variedades
La aceituna Hojiblanca, también conocida como Lucentina, es una variedad vigorosa, de fácil enraizamiento y muy resistente a los suelos calizos. Se caracteriza por su alta productividad y su capacidad para adaptarse a condiciones adversas como el frío, la sequía y terrenos poco favorables.
Es una aceituna de doble aptitud, muy valorada tanto para la producción de aceite como para el consumo en mesa, en verde o en negro, gracias a la firmeza y calidad de su pulpa. Presenta un rendimiento graso moderado, lo que favorece la obtención de aceites de gran calidad.
El fruto es grande, con una elevada proporción de pulpa, y adquiere un color violeta oscuro en su maduración, que se produce de forma tardía, entre finales de noviembre y diciembre. Aunque el fruto maduro ofrece cierta resistencia al desprendimiento, resulta apto para la recolección mecanizada por su buena respuesta a la vibración.
Las hojas del olivo Hojiblanco son largas y estrechas, de color verde grisáceo en el haz y envés plateado, rasgo que da nombre a la variedad. Sus ramas son largas y fructíferas, configurando un árbol de porte erguido y equilibrado.
Desde el punto de vista nutricional, el aceite de Hojiblanca presenta una composición muy equilibrada de ácidos grasos, con un alto contenido en ácido oleico y niveles moderados de ácido linoleico, lo que lo convierte en un aceite idóneo para una dieta saludable. Aunque su estabilidad frente a la oxidación es media, se recomienda conservarlo protegido de la luz y del aire para mantener intactas sus cualidades.
En el plano organoléptico, el aceite de Hojiblanca destaca por su complejidad y elegancia. En boca suele mostrar una entrada dulce, seguida de un ligero amargor y un picante suave, con aromas vegetales que recuerdan a la hierba fresca y un final almendrado muy característico.
Su color varía del amarillo al verde, en función del momento de recolección. Es un aceite muy versátil en cocina, adecuado para freír por su buen comportamiento al calor y especialmente recomendable para la elaboración de panes, pastas y repostería, gracias a la consistencia y textura que aporta a las masas.
La variedad Picual, también conocida como Marteña, es la segunda en volumen de producción dentro de la Denominación de Origen Protegida Aceite de Lucena. Su nombre procede de la forma característica del fruto, que presenta un pequeño pezón terminado en pico.
A nivel global, la Picual representa aproximadamente el 20 % de la producción mundial de aceite de oliva y cerca del 50 % del olivar español, lo que la convierte en una de las variedades más importantes y extendidas.
El olivo Picual tiene hojas de tamaño medio, ligeramente alargadas, de color verde intenso en el haz y verde grisáceo en el envés. Sus aceitunas son de tamaño medio a grande, de color verde durante el envero y negro en plena maduración, que suele producirse entre mediados de noviembre y finales de diciembre. Destaca por su alto rendimiento graso, que puede alcanzar el 25–27 %, y por una buena relación pulpa/hueso.
Desde el punto de vista organoléptico, el aceite de Picual presenta perfiles diferentes según el entorno de cultivo. En zonas de llano, los aceites suelen ser más intensos, con amargor marcado, picante notable y gran cuerpo. En zonas de montaña, resultan generalmente más suaves, frescos y equilibrados. En ambos casos, su amargor está relacionado con un alto contenido en polifenoles, responsables de su gran poder antioxidante y su elevada estabilidad.
El aceite de Picual se caracteriza por su fuerza y personalidad, con un frutado intenso y aromas verdes que recuerdan a la higuera, la tomatera, la menta, la almendra verde o la manzana. Gracias a estas notas fácilmente reconocibles, es una variedad muy apreciada tanto en aceites monovarietales como en mezclas, donde combina especialmente bien con la Hojiblanca.
Desde el punto de vista nutricional, la Picual destaca por su excelente composición en ácidos grasos, con un contenido en ácido oleico que puede alcanzar el 80 %, superior al de muchas otras variedades. Además, presenta un elevado nivel de polifenoles y un bajo contenido en ácido linoleico, factores asociados a una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares y hepáticas.
Gracias a su alta estabilidad frente a la oxidación, el aceite de oliva Picual es especialmente resistente al calor, lo que le confiere un excelente comportamiento en cocina, prolonga su vida útil y lo convierte en una opción ideal para frituras y usos culinarios intensos.

La variedad Picudo recibe su denominación por la forma característica de sus frutos, cuyo ápice es apuntado y ligeramente curvado, presentando además un pezón muy marcado que la hace fácilmente reconocible frente a otras variedades de aceituna.
La aceituna alcanza un color negro intenso en su maduración completa y destaca por ser la segunda aceituna de mayor tamaño destinada a la extracción de aceite, con un peso medio aproximado de 4,8 gramos. Presenta una elevada relación pulpa/hueso, cercana a 6/3, lo que la convierte en una variedad especialmente interesante desde el punto de vista productivo.
El proceso de maduración, durante el cual el fruto va adquiriendo progresivamente su tonalidad oscura, tiene lugar entre finales de noviembre y finales de diciembre. El rendimiento graso es alto, situándose en torno al 20%, sin alcanzar los niveles de la variedad Picual, pero con valores muy competitivos dentro del conjunto de variedades tradicionales.
Desde el punto de vista sensorial, los aceites obtenidos de la variedad Picudo presentan excelentes características organolépticas. Se trata de aceites muy equilibrados, suaves y dulces, carentes de notas amargas o picantes intensas. En determinados casos, pueden apreciarse matices aromáticos delicados que evocan frutas exóticas, así como recuerdos de manzana y frutos secos, especialmente almendra, lo que aporta complejidad y elegancia al perfil sensorial.
En cuanto a su composición en ácidos grasos, el aceite de Picudo es similar al de la variedad Lechín. Presenta aproximadamente un 15% de ácido linoleico y hasta un 65% de ácido oleico, lo que da lugar a aceites de gran finura, pero también más delicados y con mayor tendencia a la oxidación. Por este motivo, es habitual que se combine con otras variedades más estables, como Picual u Hojiblanca, con el fin de mejorar su conservación sin renunciar a sus excelentes cualidades organolépticas.

La variedad Arbequina es originaria de la localidad de Arbeca, situada en la comarca leridana de Les Garrigues, zona con una larga tradición olivarera. En los últimos años, su cultivo se ha extendido de forma notable a otras regiones de España, especialmente a Andalucía, debido a su excelente adaptación a sistemas de plantación intensivos y superintensivos, así como a su regularidad productiva.
Las aceitunas arbequinas se caracterizan por su pequeño tamaño, aunque son altamente valoradas por su rápida entrada en producción, lo que permite obtener rendimientos económicos en plazos relativamente cortos. El periodo medio de maduración se sitúa entre la segunda semana de diciembre y la segunda de enero. Se trata de una variedad de elevada productividad y muy buen rendimiento graso, que ronda el 20,5 %, situándola entre las variedades con mayor porcentaje de extracción de aceite.
Desde el punto de vista sensorial, los aceites de Arbequina destacan por su perfil aromático fresco y afrutado, con notas claras de almendra y matices de otras frutas. Son aceites que apenas presentan amargor ni picor, llegando en muchos casos a ser prácticamente imperceptibles. La astringencia está ausente, y desde el primer contacto en boca ofrecen una gran suavidad, con una sensación táctil delicada y agradable, dominada por recuerdos almendrados.
En conjunto, pueden describirse como aceites de perfil armónico y equilibrado, ligeros, dulces y muy elegantes, casi siempre con un marcado carácter almendrado y aromas a frutos maduros, como manzana o papilla de frutas, en los que ocasionalmente se perciben sutiles notas exóticas que aportan complejidad al conjunto.
En cuanto a su composición, los aceites de Arbequina son más delicados frente a la oxidación en comparación con otras variedades con mayor contenido en ácido oleico. Por ello, una vez envasados, es fundamental que se conserven protegidos de la luz, el calor y el oxígeno, garantizando así el mantenimiento de sus cualidades sensoriales y su estabilidad a lo largo del tiempo.

La variedad Lechín se encuentra ampliamente distribuida por las provincias andaluzas de Sevilla, Córdoba, Cádiz, Málaga y Huelva, donde forma parte del olivar tradicional. Su nombre procede del característico color blanquecino de su pulpa, así como del tono claro de su mosto oleoso, es decir, la mezcla resultante del aceite y el agua de vegetación durante el proceso de extracción.
Desde el punto de vista agronómico, se trata de una variedad muy vigorosa y rústica, con una notable capacidad de adaptación a condiciones climáticas adversas. Destaca por su buena resistencia tanto a las sequías prolongadas como a los fríos invernales, lo que la hace especialmente adecuada para zonas de clima continentalizado. Asimismo, se adapta correctamente a suelos calizos y pobres, donde otras variedades pueden presentar mayores dificultades de desarrollo. No obstante, su contenido graso es moderado, con un rendimiento en aceite que se sitúa en torno al 18 %, inferior al de otras variedades más productivas desde el punto de vista oleícola.
En cuanto a sus características organolépticas, el aceite de Lechín se presenta como un aceite fluido, de perfil claramente vegetal, con un amargor medio bien definido y un postgusto persistente a almendra verde en boca. Se trata de un aceite con personalidad, equilibrado, aunque menos dulce que otras variedades como Arbequina o Picudo.
Debido a estas características, no es habitual su comercialización como aceite monovarietal, sino que se utiliza principalmente como variedad complementaria en coupages, donde aporta estructura, notas verdes y equilibrio a aceites elaborados con variedades como Hojiblanca o Picual, contribuyendo a enriquecer su perfil sensorial y mejorar su complejidad.

La variedad Ocal se presenta, en la mayoría de los casos, en forma de pies de olivo aislados, situados en esquinazos, linderos o rincones de fincas, donde su presencia suele responder más a razones tradicionales y sentimentales que a una planificación agronómica moderna. Son ejemplares que, en muchos casos, se han conservado por nostalgia o apego a la agricultura de antaño, formando parte del paisaje olivarero histórico.
El fruto de la variedad Ocal es generalmente grande y alargado, con un ciclo de maduración medio a tardío y una maduración regular, lo que permite una recolección relativamente homogénea. Aunque puede destinarse a otros usos de forma puntual, es una variedad apta principalmente para la elaboración de aceite, si bien su rendimiento graso es moderado, alcanzando hasta un 16 %, cifra inferior a la de variedades más productivas, pero compensada en parte por el tamaño del fruto.
Desde el punto de vista agronómico, la Ocal más adecuada para la producción de aceite se caracteriza por ser un árbol de gran porte, muy vigoroso y con una notable resistencia al repilo, una de las enfermedades más comunes del olivar. Presenta una estructura vegetativa muy característica, con grandes látigos colgantes, ramificación abierta y hojas de gran tamaño y anchura, lo que le confiere un aspecto robusto y fácilmente identificable en el campo.
Se trata, en definitiva, de una variedad tradicional y rústica, menos orientada a la producción intensiva, pero de gran valor patrimonial y agronómico, que aporta diversidad al olivar y mantiene viva la herencia de los sistemas de cultivo históricos.

La denominación de esta variedad hace referencia al característico aspecto llorón de sus ramas, que cuelgan de forma marcada y le confieren una silueta muy reconocible en el campo. Se trata de una variedad con una amplia diversidad de sinonimias locales, reflejo de su arraigo histórico en distintas zonas de la provincia de Córdoba. Entre las denominaciones más conocidas se encuentran: Chorreao en Montilla; Chorrúo Arracimado y Chorrúo de fruto redondo en Castro del Río; Chorrúo Fino en Cabra; y Faldúo, Hardúo o Jardúo en diversas localidades del entorno.
Es una variedad ampliamente difundida en las comarcas cordobesas de la Campiña-Penibética, la Sierra y la zona Nevadillo-Campiña, donde ocupa una superficie superior a 3.000 hectáreas, formando parte del olivar tradicional de estas áreas.
Desde el punto de vista agronómico, se trata de una variedad que se adapta bien a condiciones climáticas adversas, mostrando una buena tolerancia al frío, lo que la hace adecuada para zonas con inviernos rigurosos. Presenta una capacidad media de enraizamiento mediante estaquillado semileñoso, lo que condiciona su multiplicación vegetativa frente a otras variedades más fáciles de propagar.
La floración y la maduración son tardías, aspecto que influye tanto en la planificación de la cosecha como en la organización de las labores agrícolas. Su productividad es media, pero constante, aportando estabilidad en la producción a lo largo de los años. Los frutos se presentan agrupados en racimos, característica que, si bien es propia de la variedad, dificulta notablemente la recolección, especialmente en sistemas mecanizados.
En cuanto a su comportamiento sanitario, la variedad se muestra susceptible al repilo, una de las principales enfermedades fúngicas del olivar, mientras que presenta una buena tolerancia frente a la tuberculosis y a la mosca del olivo, lo que reduce parcialmente la presión fitosanitaria en determinadas condiciones.




